En los últimos años, las metodologías se han convertido en un pilar fundamental de cualquier proyecto tecnológico. Por supuesto que son necesarias, sin embargo, la metodología por sí sola no garantiza el éxito, especialmente en proyectos de gestión documental y plataformas ECM, donde la operativa diaria, los flujos reales de trabajo y la criticidad del sistema pesan tanto como el diseño teórico.
Cuando la metodología no es suficiente
La aplicación de las metodologías debe adaptarse siempre al contexto del proyecto.
En proyectos de gestión documental exigentes, aplicar esquemas estándar sin atender a la realidad operativa no siempre resulta eficaz.
No todos los entornos son iguales. No todos los clientes parten del mismo nivel de madurez. Y no todas las plataformas documentales se utilizan como simples repositorios.
En organizaciones donde el ECM es crítico para la operación, aparecen escenarios en los que:
- La especialización pesa más que el volumen:
No se trata de desplegar grandes equipos, sino de contar con perfiles que conocen la plataforma, su historia y sus límites. - La experiencia del equipo importa más que la capacidad de despliegue:
La capacidad de anticipar riesgos, identificar cuellos de botella y tomar decisiones informadas reduce errores y retrabajos. - El criterio complementa —y a veces prevalece sobre— la metodología:
Hay decisiones que no están en ningún manual y que solo se toman correctamente cuando se entiende el contexto real del cliente.
En estos contextos, un enfoque más focalizado permite:
- Menos capas
Menos intermediación, menos estructuras innecesarias y una relación más directa con el cliente y su operativa.
- Decisiones más claras
Responsabilidades bien definidas, menor ambigüedad y mayor velocidad en la toma de decisiones. - Una ejecución ajustada a la realidad del cliente
Soluciones que encajan en la organización, en sus tiempos, en sus recursos y en su nivel de madurez tecnológica.
Este tipo de enfoque no busca sustituir la metodología, sino ponerla al servicio del proyecto, y no al revés. Es una elección consciente, no una limitación.
Apostar por la especialización implica asumir que no todos los proyectos necesitan el mismo grado de estandarización, ni la misma estructura, ni los mismos modelos de servicio. Implica entender que, en ciertos entornos, la calidad de la decisión es más relevante que la cantidad de recursos desplegados.
Porque cuando una plataforma documental es crítica, lo verdaderamente diferencial no es seguir una metodología al pie de la letra, sino saber cuándo adaptarla.
Es el enfoque que aplicamos en CIM.

